¿Hay una palabra que provoque tantas pesadillas como DIETA? Porque Freddy Kruger es un mindundi en comparación al significado de esas cinco letritas juntas, y allí están, dos amigas, una tarde, un aburrimiento en común, unas idas de pinza por aquí, unas idas de pinza por allí, y el resultado es una cita en la Dietista, que tiene más glamur comer lechuga porque te lo ha dicho la dietista, que comer lechuga porque lo has decidido tú, y a mi a glamur, no me gana nadie.
Las conversaciones previas al día señalado como D, son del tipo ¿Crees que se me quedará el culo de Jennifer López? ¿Y las piernas de Rihanna? Nena, que es una dieta, no un milagro hija, la materia prima es de vital importancia en este caso. También decidís permitiros unos cuantos caprichos, que si un pastel de chocolate tamaño XXL, que si un atracón a bombones de esos del buen gusto, el caso es que ya puestos a perder da igual unos cuantos gramos de más no?
Llega el día D y entráis a una minúscula salita donde una señorita ultra-delgada te mira con aires de “vosotras también podréis conseguir esta figura si me hacéis caso” y yo pensando toda la vida que soy una mujer de curvas, y ahora es que tengo unos kilitos de más, si es que no puede ser… La Dietista parece más bien un miembro de la CIA, porque el “pequeño cuestionario” son seis folios por delante y por detrás y te preguntan hasta si el rubio es natural (pues mira no, es por obra y gracia de mi estilista capilar, que queda más fisno que decir peluquera)
El drama ya se iba gestando. La báscula te mira riéndose de ti “jiji, te voy a deprimir sólo con dos numeritos” la cinta métrica tararea “60-90-60” y un chisme que parece un volante del coche de Alonso no te dice ni pío, pero tú intuyes que el volante ese te va a decir cosas feas también. El grado de paranoia ha subido de 0 a 100 en un nanosegundo. Oh my god, la prueba de la báscula no. por favor, tortura china, lo que sea, pero no me pese… pero la Agente Dieta no tiene piedad y sonriendo amablemente te dice “sube” ¿De que sirve que encojas el estomago para pesarte? Ahora te arrepientes de los pasteles XXL en días anteriores. Te bajas con la moral en el núcleo de la tierra, y la Agente Dieta te dice “venga, que te mida” y por último te indica que cojas el volante de Alonso que te va a medir la grasa que tienes en tu body serrano. (Pensamiento: Nena, esto no es grasa, esto son reservas para tiempos de hambruna)
La Dieta consiste, en comer lo que quieras pero de una lista muy estricta, y tú mentalmente te haces la cuenta de la vieja “si tengo 20 alimentos permitidos y sólo me gusta el jamón y el pollo significa que se me va a poner cara de Peggy en un par de días no?” Para terminar, pasa por caja guapa, suelta un pastón por decirte que comas lechuga y pollo y por haberte hecho sufrir con los tres jinetes de la muerte dietética. Para colmo, tu amiga, que es el Descaro en persona, cuando le dicen la cuenta suelta delante de la Agente Dieta “Que estafa” ante tu atónita mirada.
Salís desplumadas, descorazonadas y deprimidas ¿Qué se puede hacer en un momento así? Irse a la panadería más cercana a ahogar las penas en algo “a modo de despedida” seguramente has engordado dos o tres kilos desde que decidiste ponerte a dieta con tanta despedida, pero oye, que más da, si ya que te pones…
El primer día te lo pasas pensando en todo lo que te apetece y no puedes comer, de repente la televisión es tu enemiga con esos anuncios de alimentos prohibidos y suculentos, los rastros de baba inundan el salón mientras piensas que ese trozo de lechuga es un lasagna con su bechamel… “uhmmm que rica la lechuga” “uhmmm que rica la pechuga de pollo insípida y más seca de lo que me voy a quedar yo” Pero no sólo la televisión se vuelve enemiga tuya ofreciéndote lo que no podrás comer hasta que la Agente Dieta te diga que estás preparada para dejar la lechuguita y el jamón serrano, también tu familia. Tu madre, el primer día de TU dieta, disfruta de un cuerno de Merengue grande y dulce, aunque a ti el merengue no te guste, te da igual, piensas en robárselo, salir corriendo y esconderte en tu habitación a comértelo. ¿Qué solidaridad hogareña es esta? Porque mientras tú disfrutas de tu lechuga, tu familia está comiéndose un plato de papas fritas con huevo que quita el sentío…
Que cruel es la vida, que forma de torturarse a uno mismo, si es que debería estar prohibido ponerse a dieta, lo mejor sería que el chocolate no engordara y que la lechuga te pusiese como un tonel (que delgadita iba a estar yo…) aunque ahora que lo pienso, yo estoy divina, lo que pasa es que soy ancha de hueso, y ya se sabe que el hueso pesa lo suyo, Y de repente te llega la iluminación y vas deduciendo tú sola… si adelgazo, la ropa se me queda grande, si la ropa se me queda grande, tendré que renovar el vestuario…uys, fíjate, que pena que me voy a tener que ir de choping… Si es que no todo va a ser malo con la Dieta…
Marzo 8, 2008 a las 8:06 pm |
Lo peor es lo que tú has dicho,q ue el día que te pasas al lado lechuguil de la vida tu familia se alía contra tí y se pone a comer cositas ricas en tus narices…pero ¿y lo guapa y divina que te vas a quedar?